Antes de la Colonia
Antes del siglo XVI, el territorio de lo que hoy es Chile, fue habitado por múltiples y dispares razas, posiblemente de origen polinesio y asiático. Sus extensas costas se vieron jalonadas por diversos grupos de pescadores de condición primitiva, como los Changos de la zona norte, los Chonos que habitaron al sur de Chiloé, los Alacalufes de los canales de la Patagonia Oriental y los Yaganes de la región de la Tierra del Fuego.
Mientras políticamente dependían de los Incas del Cuzco, la mayoría de las culturas nativas predaron a los Incas durante siglos. En los cañones del desierto norte, los sedentarios Aymaras cultivaban el maíz en los valles, mientras que a mayor altura, recolectaban patatas y cuidaban sus rebaños de llamas y alpacas. En el interior, la pluralidad étnica fue también importante. Sobresalió una cultura agraria y ganadera en la zona de Atacama, cuyos primeros indicios datan de unos 30.000 años atrás. Al sur, más allá del río Loa, los pueblos de Atacameño llevaban un estilo de vida similar, así como el pueblo pescador Chango que ocupaba las áreas de la costa desde Arica casi hasta el río Choapa, al sur del actual La Serena. Los indios Diaguita habitaban el interior de esta última región, la cual comprendía las desembocaduras de los ríos Elqui, Huasco y Copiapó.
Desde el río Choapa al Archipiélago de Chiloé floreció una civilización de lengua común que a lo largo de los siglos, por nuevas migraciones, acaso procedentes del norte, y por las variadas condiciones geográficas, se diferenció en dos núcleos principales: el primero, sedentario y, en general, apacible, fue sometido a partir de la segunda mitad del siglo XV, al dominio político de los Incas del Perú. El segundo, por el contrario, se atrincheró en una fortaleza natural formada por grandes ríos, bosques y serranías y resistió con implacable fuerza, no sólo la presencia de los Incas, sino la posterior y más sostenida presencia de los españoles, quienes comenzaron a instalarse en Chile desde mediados del siglo XVI. La ley Inca apenas tocaba el actual Valle Central y los sureños bosques de Chile, donde los indios Araucanos (Picunche y Mapuche) resistían ferozmente las incursiones del norte. Sin embargo, este grupo guerrero, que excedía en número a los demás pueblos indígenas, jamás constituyó un estado unitario y vivió en continua pugna con el resto. Su denominación de Araucano la recibió de los españoles y fue popularizada por Alonso de Ercilla quien tomó contacto con ellos en 1557.
Los Picunche vivían en asentamientos agrícolas permanentes, mientras los Mapuches, quienes practicaban el cultivo rotativo, fueron más móviles y mucho más difíciles de dominar para los Incas y, posteriormente, para los españoles. Algunos grupos indígenas relacionados con los Mapuches - los Pehuenches, Huilliches y Puelches- vivían en el distrito del lago sur, mientras los indios Cunco, pescadores y agricultores, en la isla de Chiloé y a lo largo de las riveras de los golfos de Reloncaví y Ancud. Al sur de la tierra firme de Chile, numerosas pequeñas poblaciones de indios subsistían de la pesca y de la caza - los Chonos, Qawashqar, Tehuelches, Yamaná, y los Onas. Estos aislados pueblos del archipiélago durante mucho tiempo evitaron cualquier contacto con los europeos, pero ahora se han extinguido o están próximos a desaparecer en su práctica totalidad. Era tal su hostilidad y sentido de la libertad que, sólo hasta el tardío siglo XIX, los descendientes de los europeos consiguieron establecerse permanentemente más allá del río Bio Bío.
La Conquista Española
En 1494, el Tratado de Tordesillas ratificaba la repartición de América entre España y Portugal, concediendo todo el territorio al oeste de Brasil a España, la cual consolidó rápidamente su autoridad formal y, hacia mediados del siglo XVI, controlaba la mayoría del área extendida desde La Florida y México a Chile Central. En el mismo período fundaron la mayoría de las ciudades importantes de Sudamérica, incluyendo Lima, Santiago, Asunción y La Paz.
La expansión naval militar y colonizadora de España, iniciada en 1492, alcanzó también a Chile. A finales de 1520, la escuadra de Fernando de Magallanes descubrió el estrecho que lleva su nombre y la parte sur del país. Pero tan sólo fue un viaje de reconocimiento geográfico, sin ningún propósito colonizador. En cambio lo tuvo, aunque finalmente se frustrara, la expedición que encabezó desde la ciudad peruana de Cuzco, en 1535, Diego de Almagro.
Antes del asesinato de Pizarro en 1541, le fue asignada la tarea de conquistar Chile a Pedro de Valdivia. Después de algunas dificultades Valdivia llevó a cabo el fracasado plan de Almagro. Partió de Cuzco como teniente gobernador de Pizarro y realizó una esforzada caminata por el Desierto de Atacama hasta alcanzar el Valle de Copiapó. Después de 11 meses de su salida de Cuzco, acampó en el Valle del Mapocho, en donde fundó Santiago, el 12 de febrero de 1541. Allí, como primera medida, se constituyó un Cabildo para la adecuada administración del nuevo poblado. Sólo seis meses después, su número fue aumentado aproximadamente a 500 hombres con asistencia y refuerzos desde el Perú. Mientras tanto fundaron las ciudades de La Serena y Valparaíso. Valdivia también avanzó hacia el sur, fundando Concepción, Valdivia y Villarica. A pesar de su muerte en la batalla de Tucapel en 1553, a manos de las fuerzas Mapuches dirigidas por los famosos caciques Caupolicán y Lautaro, Valdivia fue quien realizó el trabajo preliminar para fundar una nueva sociedad, sentando los elementos esenciales de la futura cultura chilena.
Revolución e Independencia
Tras la crisis del régimen colonial, el 18 de septiembre de 1810 se formó la Primera Junta de Gobierno, que marcó el comienzo de la emancipación. Este proceso se afianzó en 1818, cuando asumió el mando del país el general Bernardo O´Higgins y se emitió la Declaración de la Independencia. O´Higgins fue obligado a dimitir en el año de 1823.
Luego de ensayar diversos sistemas constitucionales, el país logró organizarse como república, incorporar regiones aun no ocupadas y avanzar en su desarrollo: la economía agraria cambia a una capitalista, basada en la gran explotación de la minería, el comercio y la banca.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el país alcanzó una prosperidad extraordinaria que lo situó entre los primeros de Latinoamérica. Tras la Guerra del Pacifico, que lo enfrentó a Perú y Bolivia (1879-1883), el país extendió su territorio hacia el norte y ganó las riquezas del salitre y el cobre. Las ideas europeizantes y la ética liberal sellaron la transformación social. La segunda revolución de 1891 que significó el triunfo de la tendencia liberal y del parlamentarismo, cerró este período.
El Siglo XX
Los avances obtenidos se frenaron en las primeras décadas del nuevo siglo, en medio de una aguda crisis social, moral y política. Los hechos condujeron a importantes cambios políticos de inspiración democrática, que afectaron el predominio oligárquico y abrieron el camino a la manifestación pública de la clase media y del proletariado.
En 1925, una nueva Constitución restituyó el poder al presidente y estableció la separación de la iglesia y el estado. Tras un corto período de anarquía, se restableció el orden institucional y los gobiernos se sucedieron democráticamente: entre 1946 y 1970, los de Gabriel González Videla, Carlos Ibañez, Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva.
Se implementó una mayor intervención estatal en la economía y se impulsó un proceso de industrialización destinado a sustituir las importaciones. Se consolidó el movimiento gremial y la clase media alcanzó gran influencia. La difusión de la educación elevó la cultura y preparación de los habitantes. Las artes adquirieron una notable actividad.
Tras el término del mandato del presidente Frei Montalva, en 1970, asumió la presidencia Salvador Allende, quien encabezó una coalición política de izquierda e inició lo que se denominó 'la vía chilena al socialismo'. Muy pronto la polarización política amenazó la convivencia democrática y el orden institucional.
El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas dieron un golpe de estado y derrocaron al presidente Allende. Se inició un gobierno autoritario, encabezado por el general Augusto Pinochet, y con ello la interrupción democrática más larga de la historia del país.
El modelo económico de libre mercado que se implantó produjo un profundo cambio en la estructura económica del país, particularmente en el sector exportador, elevando la competitividad internacional de la economía. En 1981 comenzó a regir una nueva Constitución política.
En octubre de 1988, mediante un plebiscito, los ciudadanos rechazaron la prolongación del régimen del general Augusto Pinochet, dando paso a la transición a la democracia. En las elecciones presidenciales de 1989 triunfó ampliamente Patricio Aylwin, candidato de la opositora Concertación de Partidos por la Democracia.
El 11 de marzo de 1990 asumió el mando el presidente Aylwin y se restituyó el régimen democrático. El modelo económico incorporó fuertemente la variable social: el crecimiento con equidad. En las últimas elecciones del 11 de diciembre de 1993, fue elegido presidente de la república, Eduardo Frei Ruiz Tagle, con el 57,9 por ciento de los votos. Asumió el mando el 11 de marzo de 1994.