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Historia
En los caminos de la Historia
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Historia
España ha quedado marcada por una mezcla cultural enriquecida, producto indiscutible de su polifacética historia. A lo largo del tiempo, la penÃnsula ha sido habitada, culturizada y organizada por diversos grupos que han dejado impreso una huella tan profunda como el propio carácter español.
La Prehistoria
Los hombres primitivos tuvieron un gran apego a esta tierra; su privilegiada geografÃa tanto como la distancia con el resto de Europa, facilitaban una vida tranquila en cuanto al sustento cotidiano y la paz necesaria para vivir en sus actividades de recolección, pesca y pastoreo trashumante. Los principales asentamientos se distribuyeron en dos áreas: por una parte la faja costera mediterránea y el territorio posterior y por otra, la zona cantábrica.
Los habitantes del neolÃtico, hacia el año 12.000 aC. dejaron su pista por diversos sitios a través de magnÃficas pinturas rupestres, obras de artesanÃa, herramientas de trabajo y los misteriosos e imponentes Dólmenes que pasaron desapercibidos largo tiempo. En la actualidad, estas zonas atraen a un buen número de turistas y cientÃficos ya que se trata de muestras prehistóricas con un alto grado de conservación y antigüedad.
Los Primeros Habitantes
Los conjuntos humanos que habitaron la España primitiva provenÃan de Oriente, áfrica y de Europa central. Durante los siglos XI al IV a.C. tres grupos compartieron la penÃnsula: tartesios e iberos en el sur y este, y los celtas en el norte. Los primeros desarrollaron con mayor rapidez la transición hacia las ciudades-estado, en tanto que los celtas se mantuvieron por mayor tiempo en condiciones primitivas. Finalmente lograron fundirse en una nueva raza: los celtÃberos; con ellos se inició la población de la zona interior de la penÃnsula, hasta entonces relativamente desierta.
Los fenicios, viajeros y comerciantes, pisaron Hispania desde el siglo XI a.C.; sin embargo, fue hasta el siglo IV a.C. cuando su contacto e influencia creció, dejando a su paso su cultura y sus obras. Los cartagineses entraron en contacto con la penÃnsula ibérica para conquistar el mercado fenicio hacia el siglo III a.C., desatando las llamadas Guerras Púnicas. Roma entra en acción en esta misma época intentando arrebatar a Cartago su dominio en el Mediterráneo, consiguiéndolo con éxito hacia el siglo II a.C.; sin embargo, el poderoso Imperio Romano no se conforma con la zona mediterránea y llega a cubrir toda la penÃnsula en el año 19 a.C. Es a los romanos a quien se debe el nombre de Hispania, la llegada del cristianismo en el siglo I de nuestra era y la consolidación, por primera vez, de la España peninsular Ãntegra.
El Imperio Romano se ve derrotado cuando los Visigodos se establecen en el año 411, fundando su capital en Toledo. El desarrollo de su monarquÃa y la fuerza en sus dominios permiten la continuidad cultural de España. Sin embargo, la penÃnsula se ve constantemente asediada por una nueva cultura proveniente de oriente, cuyas pretensiones fueron ocupar España como punto estratégico de control mediterráneo: los árabes.
Los árabes y la Reconquista
La historia de los árabes en España lleva adherida la de la reconquista; esa lucha constante, férrea, mÃstica que los hispanos libraron durante siete siglos para defender su territorio y alcanzar una nación como la que actualmente se conoce, al menos en sentido geo-polÃtico.
En el año 711, durante la Batalla de Guadalete, los árabes entran en la penÃnsula ibérica, extendiendo sus dominios rápidamente. La reacción española es inmediata y en el 722 inicia la Reconquista con la Batalla de Covadonga, en Oviedo, bajo las órdenes de Don Pelayo.
La presencia árabe en España es quizá la más grande muestra de contradicciones entre dos razas que luchan por un territorio. Mientras que por un lado se libraron sangrientos combates y se intentó desprestigiar a la cultura islámica a través de la literatura y costumbres cristianas, por otro se desarrolló una combinación de dos culturas monoteÃcas, capaces de disfrutar con amplitud de la belleza y los placeres que la vida ofrece. La mezcla racial y cultural entre árabes y cristianos ha sido el rasgo que dotó a España de un carácter más vivaz, más atractivo en sentido vivencial, que se prolongó hasta sus conquistas en el Nuevo Mundo. Y quizá porque un enemigo, largo tiempo odiado, termina siendo un amigo secreto, los árabes se quedaron para siempre en la historia con un matiz doloroso para los españoles, aunque en la lengua, las costumbres y la visión de la vida se hayan insertado con un sentido contrariamente alegre, atractivo y, por tanto bienvenido.
Los siglos IX y X representan la cumbre de esta conquista al consolidarse primero, el emirato con Abderramán I y el califato con Abderramán II. El avance de la Reconquista ofrece un panorama de una España cristiano-musulmana dividida y ensangrentada en donde la guerra es un fantasma cotidiano que pierde su esencia dramática a fuerza de la constancia. Hacia el s. XI, la fortaleza árabe comienza a resquebrajarse. La muerte de Almanzor, gran guerrero moro, deriva en la descomposición del califato en Reinos Taifas que, por su estructura, son más vulnerables a los ataques de los monarcas españoles de los territorios reconquistados, entre los que destacan Toledo y Valencia.
Hacia el s. XII los árabes tienen un pequeño resurgimiento con una inmediata respuesta de los reyes cristianos; se crean las órdenes militares y se consolida la unión de Aragón y Cataluña. Sin embargo, en el s. XII, con la batalla de Navas de Tolosa, los árabes ven reducido su territorio a la zona de AlmerÃa, Granada y Málaga, en donde se mantienen hasta 1492. En esta misma etapa se consolida la unión de Castilla y León con Fernando III.
La Conquista de España
El siglo XV es un siglo que hace girar el papel de la España conquistada en una España conquistadora que mira más allá de los espacios conocidos hasta entonces por los europeos. Con la unión de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se consolida la unidad territorial, con la excepción de Navarra. Esta unidad permite que los esfuerzos por imponer el cristianismo se cristalicen: se instala la Inquisición y se logra expulsar a los árabes con la toma de Granada en 1492. Se promueve entonces también con éxito la expulsión de los judÃos. Mientras tanto, Cristóbal Colón, apoyado económicamente por la reina Isabel, encontraba una nueva tierra: América
La muerte de Isabel la Católica deja un vacÃo en cuanto a la mano férrea para convertir a España en una unidad. Su heredera, su hija Juana, padecÃa de una enfermedad mental que le impedÃa continuar con la trayectoria de su madre. Finalmente es Fernando, esposo de Isabel, quien gobierna como regente de su propia hija. En 1512 el Duque de Alba conquista Navarra, logrando por fin la completa posesión de la penÃnsula a una sola casa real.
Los Austrias
Carlos I, nieto de Fernando el Católico, se convierte en rey de España en 1516. La herencia que recibe es un enorme imperio que extiende sus dominios por Nápoles, Sicilia y Cerdeña por un lado, y los territorios de América por otro. La muerte de Maximiliano de Austria le deja en posesión de la actual Austria, Alemania, el Franco-Condado y los PaÃses Bajos, convirtiéndose en el Emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano-Germánico y en el hombre más poderoso de la época. Con Francia vive momentos de lucha por la hegemonÃa europea, quedando el poder siempre en manos españolas.
Por otra parte, la nueva tierra, América, se ofrece como una zona rica y fácil de conquistar que, bajo las órdenes de aventureros exploradores, logra quedar en manos de los españoles. Hernán Cortés conquista México en 1521, Francisco Pizarro y Diego de Almagro Perú, Hernando de Soto Florida en 1539 y Pedro de Valdivia Chile en 1541. Durante este siglo, la corona española se ve en propiedad de la nueva tierra prácticamente en su totalidad. Sin embargo, la situación en Europa no es muy favorable. Las guerras religiosas entre protestantes y católicos merman la fuerza de Carlos V en Alemania y le obligan a ceder ese territorio a los protestantes mediante la paz de Augsburgo.
En 1556, Carlos V abdica en favor de su hijo Felipe II cuya polÃtica se centra en el fortalecimiento de España y la defensa del catolicismo, enfrentando una fuerte crisis económica, producto de las largas y costosas guerras religiosas. Es Felipe II quien funda en Madrid la capital española en 1561.
Un imperio poderoso y extenso siempre exige una inversión muy grande en su conservación y es fuente de atracción de otras naciones. A Felipe II le corresponde mantener esa gran extensión de dominios, desviando grandes cantidades de recursos, en general provenientes del nuevo mundo, hacia la milicia. De esta forma, el poder económico de España pasa a manos de banqueros alemanes o genoveses que apoyan a la corona española en su lucha por la hegemonÃa.
Los PaÃses Bajos buscan su independencia; tratando de conservarlos de alguna forma, Felipe II los deja en 1598 a su hija Clara Eugenia que, casada con el Archiduque Alberto, intenta mantenerlos bajo el dominio español. En 1571 los turcos, que intentaban hacerse del mercado y movimiento en el Mediterráneo, son derrotados en la Batalla de Lepanto bajo las órdenes de Juan de Austria, hermano del rey. En 1580, Felipe II se convierte en rey de Portugal y, mientras el imperio crece por un lado, pierde su fuerza en la zona más delicada: las finanzas. El intento de derrotar a Inglaterra con la Armada Invencible en 1588 fracasa y marca el inicio de un perÃodo de decadencia en la Casa de los Austrias que representa a su vez el declive inicial del Imperio Español.
Los herederos de Felipe II no lograron mantener el poder que su padre alcanzó. Territorialmente la corona española se mantiene como la más extensa y poderosa del mundo; sin embargo, las deudas a pagar por los gastos de guerras incesantes ahogan a España en tanto que las administraciones de los monarcas se veÃan influenciadas por inhábiles consejeros que no encontraron solución adecuada para recuperar las finanzas del Imperio.
A partir de 1609, las acciones erradas de la corona española orillan a una rápida desintegración del imperio en el territorio europeo. Pierden los PaÃses Bajos en 1609; la expulsión de moriscos en ese año tiene grandes repercusiones en la agricultura española y le obliga a endeudarse más; pierde Portugal en 1640 y Holanda en 1648 con la Paz de Westfalia; Francia recupera sus territorios y se hace de Flandes en 1668.
Los Borbones
La casa de los Borbones llega a la corona española en 1700 cuando Carlos II, de los Austrias, muere sin descendencia y desata una guerra interna por la sucesión. Los candidatos son, por un lado Felipe de Anjou, emparentado con Francia y por otro el archiduque Carlos, apoyado por Inglaterra, Holanda y Dinamarca. Desde 1702 hasta 1714 esta situación envuelve a España en una guerra que separa por momentos a Cataluña, Valencia y Aragón y que lleva a la nación a perder en manos de los ingleses Menorca y Gibraltar en tanto que las posesiones españolas en Italia son recuperadas por los italianos. Finalmente, en 1714 se impone Felipe V como rey de España, el primer rey Borbón.
Carlos III sucede a Felipe V e intenta una modernización del paÃs implantando el despotismo ilustrado, llevando a cabo reformas económicas que culminan con la expulsión de los jesuitas. Su sucesor, Carlos IV, no cuenta con el carácter fuerte de su padre y deja el gobierno prácticamente en manos de su esposa y su ministro Godoy; durante esta etapa, España entra en una nueva guerra con Francia con motivo de la revolución en el paÃs galo. En 1796, reconciliada con Francia, se unen para atacar a Inglaterra empresa en la que persisten inspirados por Napoleón hasta que, en 1804, terminan en el desastre de Trafalgar.
La relación con Napoleón, oscilante entre la unión y el uso de España con Francia, llevó a permitir a los españoles el paso de las tropas francesas libremente por su territorio con el propósito de atacar a Portugal, entonces aliado de Inglaterra. Al ceder en este sentido, España se vio invadida por el Imperio Napoleónico que terminó obligando a Carlos IV a abdicar en favor del hermano de Napoleón. Esta ocupación francesa despierta el espÃritu nacionalista hispano y lleva a la guerra de independencia que busca una España liberal y se basa en la Constitución elaborada en las Cortes de Cádiz en 1812. Seis años de guerra constante bastan para expulsar a los invasores franceses del territorio y gobierno español; sin embargo, como consecuencia de la debilidad momentánea del imperio hispano, las principales colonias de América aprovechan y declaran su independencia en un proceso bélico que se prolongará alrededor de diez años y que costará a la corona mucho dinero.
Al término de la guerra de independencia, Fernando VII, descendiente de Carlos IV, vuelve a España y declara nula la constitución, imponiéndose como monarca absoluto. Esto desata un perÃodo de guerras constantes que se prolongarán hasta 1902 entre dos grupos monárquicos y los defensores de la República.
Las tres guerras Carlistas, comprendidas entre 1833 y 1876, representan los intentos de los tradicionales defensores de la monarquÃa absoluta por mantener ese régimen en la España del siglo XIX; por contrapartida, los liberales apoyan una república aunque prevén la existencia de un Rey. En 1876 se proclama la primera República con en gobierno de Alfonso XII. Este perÃodo, conocido como de Restauración, es de paz , pero la temprana muerte del monarca y la sucesión de un hijo que aún no nace, obligan a la regencia de la reina MarÃa Cristina. Durante este perÃodo de inestabilidad y aparente vacÃo de poder, España pierde, en una costosa guerra con Estados Unidos, sus últimas posesiones en América y Asia que eran Puerto Rico y Filipinas.
El Fin de la MonarquÃa
Hacia 1914 el mundo se veÃa estremecido por la Primera Guerra Mundial. España no participa en ella porque se encuentra sumergida en una dura crisis de gobierno, en la conformación de su esquema sociolpolÃtico del siglo XX.
La sublevación de Marruecos en 1921 origina un desvÃo de recursos al mantenimiento de la última colonia española en áfrica. En 1923, con aprobación del rey Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera decreta la dictadura con el objetivo de reordenar al paÃs. Es un perÃodo de desarrollo y "paz interior" que, sin embargo, encuentra el repudio popular e internacional. En 1930 la dictadura queda en manos de Berenguer y los republicanos acentúan sus avances triunfando en 1931 en Cataluña, Vizcaya, Huesca y la Rioja; en ese momento la Casa Real abandona el paÃs y en España se decreta la Segunda República.
Las cortes para la elaboración de una nueva Constitución dejan ver dos rumbos claramente diferenciados: por un lado los de corte republicano-socialista y por otro los de derecha extrema. En 1933 se funda la Falange, con una doctrina de tendencia militarizada, derechista y nacionalista. Los intentos de independencia autonómica de Asturias y Cataluña son fuertemente reprimidos por la derecha; el triunfo del Frente Popular en 1936 origina un caos en el que se instaura la anarquÃa predecesora de la Guerra Civil.
La Guerra Civil
En 1936, intentando detener el avance de las reformas de tipo socialista que se destilaban entre los republicanos, se inicia un movimiento derechista que pretende la unidad nacional española. Los levantamientos inician en Melilla y se trasladan rápidamente al interior de la penÃnsula. Las tropas nacionalistas cruzan por Gibraltar a Extremadura y Toledo; posteriormente, en Burgos, Francisco Franco es nombrado GeneralÃsimo de los ejércitos y toma, a partir de ese momento las riendas de la guerra primero, del paÃs después. Ataques en diversas ciudades van minando el territorio de los republicanos hasta que los nacionalistas conquistan la capital en marzo de 1939 poniendo fin a una guerra durante la cual gran cantidad de intelectuales y financieros salieron de España buscando refugio principalmente en América.
La Epoca Franquista
Esta etapa, que abarca desde 1939 hasta 1975 está marcada por un aislamiento de España con respecto al resto del mundo. Una dictadura de esta naturaleza, sin ayudas y apoyos del exterior consistió en un perÃodo de esforzada labor por parte del pueblo español. La relativa paz que Franco impuso con leyes duras y represiones polÃticas y morales permitió, por una parte, el desarrollo económico del paÃs sin entrar en los esquemas de modernidad que la nueva Europa vivÃa; al mismo tiempo, impidió con sus esquemas morales y de comunicación, el intercambio de España con las modas y estilos de vida de los años sesenta.
La Epoca Democrática
A la muerte de Franco hubo una transición aparentemente pacÃfica hacia una democracia largo tiempo anhelada. Las primeras elecciones presidenciales de 1977 dan como ganador a Adolfo Suárez y al tiempo de la renovación. Se elabora una nueva constitución, se reconoce la autonomÃa a las comunidades y se procede a la modernización del paÃs. En 1981 un repentino intento de golpe de estado trastorna el sueño español de la democracia; ese hecho queda sólo como el último respiro de la dictadura para dar paso a una etapa de libertad y democracia. En 1982 el Partido Socialista Obrero Español gana las elecciones y España cuenta con uno de los primeros presidentes de izquierda elegidos en la plena democracia en el mundo; gobierno que se prolonga hasta 1996 cuando se vuelve a inclinar la balanza hacia la derecha con José MarÃa Aznar.
La etapa democrática española puso de manifiesto la reprimida conciencia de sus ciudadanos al absorber de inmediato las modas y estilos artÃsticos, literarios, comerciales y polÃticos que durante la dictadura franquista solo veÃan de lejos. La vida social en el paÃs cambió los antiguos esquemas rÃgidamente moralistas por una nueva visión, más libre y menos comprometida de la vida, menos nacionalista y más comunitaria cuyas repercusiones de largo alcance aún se desconocen por lo reciente de los hechos.
España ha quedado marcada por una mezcla cultural enriquecida, producto indiscutible de su polifacética historia. A lo largo del tiempo, la penÃnsula ha sido habitada, culturizada y organizada por diversos grupos que han dejado impreso una huella tan profunda como el propio carácter español.
La Prehistoria
Los hombres primitivos tuvieron un gran apego a esta tierra; su privilegiada geografÃa tanto como la distancia con el resto de Europa, facilitaban una vida tranquila en cuanto al sustento cotidiano y la paz necesaria para vivir en sus actividades de recolección, pesca y pastoreo trashumante. Los principales asentamientos se distribuyeron en dos áreas: por una parte la faja costera mediterránea y el territorio posterior y por otra, la zona cantábrica.
Los habitantes del neolÃtico, hacia el año 12.000 aC. dejaron su pista por diversos sitios a través de magnÃficas pinturas rupestres, obras de artesanÃa, herramientas de trabajo y los misteriosos e imponentes Dólmenes que pasaron desapercibidos largo tiempo. En la actualidad, estas zonas atraen a un buen número de turistas y cientÃficos ya que se trata de muestras prehistóricas con un alto grado de conservación y antigüedad.
Los Primeros Habitantes
Los conjuntos humanos que habitaron la España primitiva provenÃan de Oriente, áfrica y de Europa central. Durante los siglos XI al IV a.C. tres grupos compartieron la penÃnsula: tartesios e iberos en el sur y este, y los celtas en el norte. Los primeros desarrollaron con mayor rapidez la transición hacia las ciudades-estado, en tanto que los celtas se mantuvieron por mayor tiempo en condiciones primitivas. Finalmente lograron fundirse en una nueva raza: los celtÃberos; con ellos se inició la población de la zona interior de la penÃnsula, hasta entonces relativamente desierta.
Los fenicios, viajeros y comerciantes, pisaron Hispania desde el siglo XI a.C.; sin embargo, fue hasta el siglo IV a.C. cuando su contacto e influencia creció, dejando a su paso su cultura y sus obras. Los cartagineses entraron en contacto con la penÃnsula ibérica para conquistar el mercado fenicio hacia el siglo III a.C., desatando las llamadas Guerras Púnicas. Roma entra en acción en esta misma época intentando arrebatar a Cartago su dominio en el Mediterráneo, consiguiéndolo con éxito hacia el siglo II a.C.; sin embargo, el poderoso Imperio Romano no se conforma con la zona mediterránea y llega a cubrir toda la penÃnsula en el año 19 a.C. Es a los romanos a quien se debe el nombre de Hispania, la llegada del cristianismo en el siglo I de nuestra era y la consolidación, por primera vez, de la España peninsular Ãntegra.
El Imperio Romano se ve derrotado cuando los Visigodos se establecen en el año 411, fundando su capital en Toledo. El desarrollo de su monarquÃa y la fuerza en sus dominios permiten la continuidad cultural de España. Sin embargo, la penÃnsula se ve constantemente asediada por una nueva cultura proveniente de oriente, cuyas pretensiones fueron ocupar España como punto estratégico de control mediterráneo: los árabes.
Los árabes y la Reconquista
La historia de los árabes en España lleva adherida la de la reconquista; esa lucha constante, férrea, mÃstica que los hispanos libraron durante siete siglos para defender su territorio y alcanzar una nación como la que actualmente se conoce, al menos en sentido geo-polÃtico.
En el año 711, durante la Batalla de Guadalete, los árabes entran en la penÃnsula ibérica, extendiendo sus dominios rápidamente. La reacción española es inmediata y en el 722 inicia la Reconquista con la Batalla de Covadonga, en Oviedo, bajo las órdenes de Don Pelayo.
La presencia árabe en España es quizá la más grande muestra de contradicciones entre dos razas que luchan por un territorio. Mientras que por un lado se libraron sangrientos combates y se intentó desprestigiar a la cultura islámica a través de la literatura y costumbres cristianas, por otro se desarrolló una combinación de dos culturas monoteÃcas, capaces de disfrutar con amplitud de la belleza y los placeres que la vida ofrece. La mezcla racial y cultural entre árabes y cristianos ha sido el rasgo que dotó a España de un carácter más vivaz, más atractivo en sentido vivencial, que se prolongó hasta sus conquistas en el Nuevo Mundo. Y quizá porque un enemigo, largo tiempo odiado, termina siendo un amigo secreto, los árabes se quedaron para siempre en la historia con un matiz doloroso para los españoles, aunque en la lengua, las costumbres y la visión de la vida se hayan insertado con un sentido contrariamente alegre, atractivo y, por tanto bienvenido.
Los siglos IX y X representan la cumbre de esta conquista al consolidarse primero, el emirato con Abderramán I y el califato con Abderramán II. El avance de la Reconquista ofrece un panorama de una España cristiano-musulmana dividida y ensangrentada en donde la guerra es un fantasma cotidiano que pierde su esencia dramática a fuerza de la constancia. Hacia el s. XI, la fortaleza árabe comienza a resquebrajarse. La muerte de Almanzor, gran guerrero moro, deriva en la descomposición del califato en Reinos Taifas que, por su estructura, son más vulnerables a los ataques de los monarcas españoles de los territorios reconquistados, entre los que destacan Toledo y Valencia.
Hacia el s. XII los árabes tienen un pequeño resurgimiento con una inmediata respuesta de los reyes cristianos; se crean las órdenes militares y se consolida la unión de Aragón y Cataluña. Sin embargo, en el s. XII, con la batalla de Navas de Tolosa, los árabes ven reducido su territorio a la zona de AlmerÃa, Granada y Málaga, en donde se mantienen hasta 1492. En esta misma etapa se consolida la unión de Castilla y León con Fernando III.
La Conquista de España
El siglo XV es un siglo que hace girar el papel de la España conquistada en una España conquistadora que mira más allá de los espacios conocidos hasta entonces por los europeos. Con la unión de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se consolida la unidad territorial, con la excepción de Navarra. Esta unidad permite que los esfuerzos por imponer el cristianismo se cristalicen: se instala la Inquisición y se logra expulsar a los árabes con la toma de Granada en 1492. Se promueve entonces también con éxito la expulsión de los judÃos. Mientras tanto, Cristóbal Colón, apoyado económicamente por la reina Isabel, encontraba una nueva tierra: América
La muerte de Isabel la Católica deja un vacÃo en cuanto a la mano férrea para convertir a España en una unidad. Su heredera, su hija Juana, padecÃa de una enfermedad mental que le impedÃa continuar con la trayectoria de su madre. Finalmente es Fernando, esposo de Isabel, quien gobierna como regente de su propia hija. En 1512 el Duque de Alba conquista Navarra, logrando por fin la completa posesión de la penÃnsula a una sola casa real.
Los Austrias
Carlos I, nieto de Fernando el Católico, se convierte en rey de España en 1516. La herencia que recibe es un enorme imperio que extiende sus dominios por Nápoles, Sicilia y Cerdeña por un lado, y los territorios de América por otro. La muerte de Maximiliano de Austria le deja en posesión de la actual Austria, Alemania, el Franco-Condado y los PaÃses Bajos, convirtiéndose en el Emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano-Germánico y en el hombre más poderoso de la época. Con Francia vive momentos de lucha por la hegemonÃa europea, quedando el poder siempre en manos españolas.
Por otra parte, la nueva tierra, América, se ofrece como una zona rica y fácil de conquistar que, bajo las órdenes de aventureros exploradores, logra quedar en manos de los españoles. Hernán Cortés conquista México en 1521, Francisco Pizarro y Diego de Almagro Perú, Hernando de Soto Florida en 1539 y Pedro de Valdivia Chile en 1541. Durante este siglo, la corona española se ve en propiedad de la nueva tierra prácticamente en su totalidad. Sin embargo, la situación en Europa no es muy favorable. Las guerras religiosas entre protestantes y católicos merman la fuerza de Carlos V en Alemania y le obligan a ceder ese territorio a los protestantes mediante la paz de Augsburgo.
En 1556, Carlos V abdica en favor de su hijo Felipe II cuya polÃtica se centra en el fortalecimiento de España y la defensa del catolicismo, enfrentando una fuerte crisis económica, producto de las largas y costosas guerras religiosas. Es Felipe II quien funda en Madrid la capital española en 1561.
Un imperio poderoso y extenso siempre exige una inversión muy grande en su conservación y es fuente de atracción de otras naciones. A Felipe II le corresponde mantener esa gran extensión de dominios, desviando grandes cantidades de recursos, en general provenientes del nuevo mundo, hacia la milicia. De esta forma, el poder económico de España pasa a manos de banqueros alemanes o genoveses que apoyan a la corona española en su lucha por la hegemonÃa.
Los PaÃses Bajos buscan su independencia; tratando de conservarlos de alguna forma, Felipe II los deja en 1598 a su hija Clara Eugenia que, casada con el Archiduque Alberto, intenta mantenerlos bajo el dominio español. En 1571 los turcos, que intentaban hacerse del mercado y movimiento en el Mediterráneo, son derrotados en la Batalla de Lepanto bajo las órdenes de Juan de Austria, hermano del rey. En 1580, Felipe II se convierte en rey de Portugal y, mientras el imperio crece por un lado, pierde su fuerza en la zona más delicada: las finanzas. El intento de derrotar a Inglaterra con la Armada Invencible en 1588 fracasa y marca el inicio de un perÃodo de decadencia en la Casa de los Austrias que representa a su vez el declive inicial del Imperio Español.
Los herederos de Felipe II no lograron mantener el poder que su padre alcanzó. Territorialmente la corona española se mantiene como la más extensa y poderosa del mundo; sin embargo, las deudas a pagar por los gastos de guerras incesantes ahogan a España en tanto que las administraciones de los monarcas se veÃan influenciadas por inhábiles consejeros que no encontraron solución adecuada para recuperar las finanzas del Imperio.
A partir de 1609, las acciones erradas de la corona española orillan a una rápida desintegración del imperio en el territorio europeo. Pierden los PaÃses Bajos en 1609; la expulsión de moriscos en ese año tiene grandes repercusiones en la agricultura española y le obliga a endeudarse más; pierde Portugal en 1640 y Holanda en 1648 con la Paz de Westfalia; Francia recupera sus territorios y se hace de Flandes en 1668.
Los Borbones
La casa de los Borbones llega a la corona española en 1700 cuando Carlos II, de los Austrias, muere sin descendencia y desata una guerra interna por la sucesión. Los candidatos son, por un lado Felipe de Anjou, emparentado con Francia y por otro el archiduque Carlos, apoyado por Inglaterra, Holanda y Dinamarca. Desde 1702 hasta 1714 esta situación envuelve a España en una guerra que separa por momentos a Cataluña, Valencia y Aragón y que lleva a la nación a perder en manos de los ingleses Menorca y Gibraltar en tanto que las posesiones españolas en Italia son recuperadas por los italianos. Finalmente, en 1714 se impone Felipe V como rey de España, el primer rey Borbón.
Carlos III sucede a Felipe V e intenta una modernización del paÃs implantando el despotismo ilustrado, llevando a cabo reformas económicas que culminan con la expulsión de los jesuitas. Su sucesor, Carlos IV, no cuenta con el carácter fuerte de su padre y deja el gobierno prácticamente en manos de su esposa y su ministro Godoy; durante esta etapa, España entra en una nueva guerra con Francia con motivo de la revolución en el paÃs galo. En 1796, reconciliada con Francia, se unen para atacar a Inglaterra empresa en la que persisten inspirados por Napoleón hasta que, en 1804, terminan en el desastre de Trafalgar.
La relación con Napoleón, oscilante entre la unión y el uso de España con Francia, llevó a permitir a los españoles el paso de las tropas francesas libremente por su territorio con el propósito de atacar a Portugal, entonces aliado de Inglaterra. Al ceder en este sentido, España se vio invadida por el Imperio Napoleónico que terminó obligando a Carlos IV a abdicar en favor del hermano de Napoleón. Esta ocupación francesa despierta el espÃritu nacionalista hispano y lleva a la guerra de independencia que busca una España liberal y se basa en la Constitución elaborada en las Cortes de Cádiz en 1812. Seis años de guerra constante bastan para expulsar a los invasores franceses del territorio y gobierno español; sin embargo, como consecuencia de la debilidad momentánea del imperio hispano, las principales colonias de América aprovechan y declaran su independencia en un proceso bélico que se prolongará alrededor de diez años y que costará a la corona mucho dinero.
Al término de la guerra de independencia, Fernando VII, descendiente de Carlos IV, vuelve a España y declara nula la constitución, imponiéndose como monarca absoluto. Esto desata un perÃodo de guerras constantes que se prolongarán hasta 1902 entre dos grupos monárquicos y los defensores de la República.
Las tres guerras Carlistas, comprendidas entre 1833 y 1876, representan los intentos de los tradicionales defensores de la monarquÃa absoluta por mantener ese régimen en la España del siglo XIX; por contrapartida, los liberales apoyan una república aunque prevén la existencia de un Rey. En 1876 se proclama la primera República con en gobierno de Alfonso XII. Este perÃodo, conocido como de Restauración, es de paz , pero la temprana muerte del monarca y la sucesión de un hijo que aún no nace, obligan a la regencia de la reina MarÃa Cristina. Durante este perÃodo de inestabilidad y aparente vacÃo de poder, España pierde, en una costosa guerra con Estados Unidos, sus últimas posesiones en América y Asia que eran Puerto Rico y Filipinas.
El Fin de la MonarquÃa
Hacia 1914 el mundo se veÃa estremecido por la Primera Guerra Mundial. España no participa en ella porque se encuentra sumergida en una dura crisis de gobierno, en la conformación de su esquema sociolpolÃtico del siglo XX.
La sublevación de Marruecos en 1921 origina un desvÃo de recursos al mantenimiento de la última colonia española en áfrica. En 1923, con aprobación del rey Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera decreta la dictadura con el objetivo de reordenar al paÃs. Es un perÃodo de desarrollo y "paz interior" que, sin embargo, encuentra el repudio popular e internacional. En 1930 la dictadura queda en manos de Berenguer y los republicanos acentúan sus avances triunfando en 1931 en Cataluña, Vizcaya, Huesca y la Rioja; en ese momento la Casa Real abandona el paÃs y en España se decreta la Segunda República.
Las cortes para la elaboración de una nueva Constitución dejan ver dos rumbos claramente diferenciados: por un lado los de corte republicano-socialista y por otro los de derecha extrema. En 1933 se funda la Falange, con una doctrina de tendencia militarizada, derechista y nacionalista. Los intentos de independencia autonómica de Asturias y Cataluña son fuertemente reprimidos por la derecha; el triunfo del Frente Popular en 1936 origina un caos en el que se instaura la anarquÃa predecesora de la Guerra Civil.
La Guerra Civil
En 1936, intentando detener el avance de las reformas de tipo socialista que se destilaban entre los republicanos, se inicia un movimiento derechista que pretende la unidad nacional española. Los levantamientos inician en Melilla y se trasladan rápidamente al interior de la penÃnsula. Las tropas nacionalistas cruzan por Gibraltar a Extremadura y Toledo; posteriormente, en Burgos, Francisco Franco es nombrado GeneralÃsimo de los ejércitos y toma, a partir de ese momento las riendas de la guerra primero, del paÃs después. Ataques en diversas ciudades van minando el territorio de los republicanos hasta que los nacionalistas conquistan la capital en marzo de 1939 poniendo fin a una guerra durante la cual gran cantidad de intelectuales y financieros salieron de España buscando refugio principalmente en América.
La Epoca Franquista
Esta etapa, que abarca desde 1939 hasta 1975 está marcada por un aislamiento de España con respecto al resto del mundo. Una dictadura de esta naturaleza, sin ayudas y apoyos del exterior consistió en un perÃodo de esforzada labor por parte del pueblo español. La relativa paz que Franco impuso con leyes duras y represiones polÃticas y morales permitió, por una parte, el desarrollo económico del paÃs sin entrar en los esquemas de modernidad que la nueva Europa vivÃa; al mismo tiempo, impidió con sus esquemas morales y de comunicación, el intercambio de España con las modas y estilos de vida de los años sesenta.
La Epoca Democrática
A la muerte de Franco hubo una transición aparentemente pacÃfica hacia una democracia largo tiempo anhelada. Las primeras elecciones presidenciales de 1977 dan como ganador a Adolfo Suárez y al tiempo de la renovación. Se elabora una nueva constitución, se reconoce la autonomÃa a las comunidades y se procede a la modernización del paÃs. En 1981 un repentino intento de golpe de estado trastorna el sueño español de la democracia; ese hecho queda sólo como el último respiro de la dictadura para dar paso a una etapa de libertad y democracia. En 1982 el Partido Socialista Obrero Español gana las elecciones y España cuenta con uno de los primeros presidentes de izquierda elegidos en la plena democracia en el mundo; gobierno que se prolonga hasta 1996 cuando se vuelve a inclinar la balanza hacia la derecha con José MarÃa Aznar.
La etapa democrática española puso de manifiesto la reprimida conciencia de sus ciudadanos al absorber de inmediato las modas y estilos artÃsticos, literarios, comerciales y polÃticos que durante la dictadura franquista solo veÃan de lejos. La vida social en el paÃs cambió los antiguos esquemas rÃgidamente moralistas por una nueva visión, más libre y menos comprometida de la vida, menos nacionalista y más comunitaria cuyas repercusiones de largo alcance aún se desconocen por lo reciente de los hechos.

