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Historia
En los caminos del arte
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Historia
Aunque la Historia de Italia se identifica en sus inicios con la del Imperio Romano y parece que no existiera nada antes, lo cierto es que los griegos y los etruscos en el siglo VIII a.C. y los galos en el siglo V ya habÃan formado colonias en las costas de la penÃnsula y de sus islas. Previamente a ellos, los terramanara al norte y los vilavonia en el centro ya habÃan habitado el suelo italiano durante la prehistoria. Si bien es cierto que hasta la unificación del territorio por los romanos en el siglo III a.C. Italia no consigue entrar en la Historia con peso especÃfico.
El Imperio Romano
La ciudad fundada por los gemelos que fueron amamantados por una loba, Rómulo y Remo fue extendiendo su territorio a base de guerras cruentas contra los invasores y también entre los miembros de su población. A finales del siglo III a.C. controlaban toda la penÃnsula incluyendo Sicilia. Desde allà comenzó la invasión de los paÃses vecinos cayendo Macedonia, Grecia, la Galia, Cisalpina, Istria, Dalmacia, Cerdeña-Córcega, Hispania Citerior y Ulterior, Africa y Asia.
Una vez acabada la expansión, aunque las guerras se sucederÃan durante todo el Imperio Romano, el dominio de lo militar empezó a verse mermado por la lucha por conseguir derechos civiles y una economÃa más estable a través de una reforma agraria que acabarÃa con los grandes latifundios. La plebe y los caballeros, que procedÃan de familias de mercaderes y arrendadores, se unÃan para hacer frente a la aristocracia. AsÃ, en el año 104 a.C. se conseguÃa una reforma del ejército en la que los milicianos civiles también podÃan acceder a una parte de los botines de guerra, aumentando asà el poder de las clases más bajas. Posteriormente todos los habitantes de la penÃnsula fueron considerados ciudadanos romanos y, más tarde, los moradores de la mayorÃa de los territorios anexionados al Imperio serÃan, también, considerados ciudadanos romanos, de hecho,varios emperadores procedieron de las colonias como es el caso del ibero Trajano.
Los años siguientes son una secuencia de luchas entre aristócratas y plebeyos por mantener el poder hasta el 59 a.C., año en el que emerge definitivamente una nueva figura que controlarÃa la polÃtica romana de manera indiscutible, César. Tras el asesinato de éste por Bruto, en el 44 a.C. un nuevo perÃodo de incertidumbre vuelve a abrirse con las luchas entre los partidarios de la república y los del imperio, triunfando finalmente, el imperio bajo las órdenes de Octavio, conocido como Augusto y famoso también por haber acabado con Cleopatra y Marco Antonio. Augusto dio prioridad al senado frente a otras magistraturas a la vez que potenciaba las caracterÃsticas latinas-romanas.
El Fin del Imperio Romano
Al morir Augusto los grandes tiranos de Roma hacen su aparición como Tiberio, el perverso CalÃgula, el tartamudo Claudio o el loco Nerón y con ellos y sus descendientes, comienza la degeneración del Imperio y se prepara su caÃda. Poco a poco el cristianismo va afianzándose, sobre todo en el siglo III, cuando empieza a ser tenido en cuenta. Es el momento de las grandes persecuciones. La situación polÃtica va de mal en peor, las invasiones de los bárbaros obligan a dividir el imperio nombrándose dos emperadores, uno para controlar la zona occidental y otro la oriental, a su vez, se nombran dos ayudantes de los emperadores con dignidad de césares. La situación era caótica. Fue Constantino quien conseguirÃa reunificar de nuevo el Imperio, gracias en buena parte, a su decisión de legalizar el cristianismo en el 313 d.C. a través del célebre "Edicto de Milán". Con la muerte de este emperador la situación tanto exterior como interior, ya muy deterioradas, se producen nuevas divisiones de poder y, las invasiones extranjeras que consiguen llegar al centro de Roma, acaban definitivamente con el Imperio Romano en el 476 d.C.
La caÃda del Imperio no supone la finalización de las guerras. Aunque con el Sacro Imperio Romano formado por Carlomagno en 1174 se consigue una cierta estabilidad en la que la Iglesia, ya como estado, y el poder polÃtico conviven sin grandes diferencias, a la muerte del emperador todo se rompe y las luchas entre iglesia y estado no finalizan hasta 1122 con el Concordato de Worms.
El Renacimiento
Con la caÃda del feudalismo se crean las comunas italianas que suponen una profunda reestructuración de la economÃa, dando lugar a la aparición de una nueva clase social: la burguesÃa. Estos dos componentes consiguen que una nueva estructura económica y social se afiance en el norte del paÃs, mientras que el sur permanece fiel a las antiguas estructuras. En 1454 con el Renacimiento y gracias a su filosofÃa se consigue un perÃodo de estabilidad al firmarse un pacto de no agresión entre los más grandes, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles. Finalizado este perÃodo en el que las artes, las letras y las ciencias tuvieron un gran desarrollo, las guerras de nuevo acosan el territorio. Dominio de españoles primero y austriacos después, consiguen que se produzca un gran retroceso en todos los campos aunque durante el siglo XVIII se consigue vencer en zonas muy concretas como Nápoles y Milán.
El Risorgimiento
El perÃodo napoleónico permite la creación de nuevas repúblicas y la desaparición de otras como Venecia, asà como los Estados Pontificios. El resurgimiento de las monarquÃas absolutas, durante el Antiguo Régimen, consigue que aparezcan los primeros movimientos independentistas que actuaban en secreto. El Risorgimiento, con una sólida base intelectual y buenos estrategas como Garibaldi y VÃctor Manuel, dieron como fruto las revoluciones nacionalistas de 1848 que aunque no consiguieron su objetivo, la independencia,sentaron las bases y consiguieron los apoyos internacionales necesarios para que a partir de 1859, durante la Segunda Guerra de Independencia, se liberarán Sicilia, Nápoles y algunas regiones aledañas al Piamonte, que a través de un plebiscito decidieron unirse creando el Nuevo Reino de Italia, completado con la anexión de Roma en 1870.
Después de la II Guerra Mundial
Con el gobierno de Giolitti comienza el despegue del paÃs ya que este liberal progresista potenció enormemente la agricultura, la industria, además de aprobar la Ley de Sufragio Universal. Con su unión a la Triple Entente en 1915 y la derrota de los austriacos, consigue recuperar el Trentino, el Alto Adigio, Trieste, Istria y Zara.
La dictadura de Mussolini, 1922-1945, a parte de mejorar las obras públicas del paÃs, no sirvió nada más que para que Italia entrara en la Segunda Guerra Mundial del lado perdedor. No hay que olvidar la destacada labor realizada por los partisanos que estaban en contra del fascismo y quienes consiguieron que naciera la República Italiana, bajo el gobierno de Gasperi.
Italia pasó a ser europea de pleno derecho con su entrada en la CEE y la Alianza Atlántica. Los distintos gobiernos que ha tenido hasta ahora han pasado por momentos peores, como por ejemplo durante el secuestro de Aldo Moro en 1978, o mejores, como durante el gobierno de Sandro Pertini. Escándalos, relaciones de los gobernantes con los dirigentes de la mafia, jueces asesinados, etc., contribuyen a la inestabilidad polÃtica actual de Italia. Sin embargo, el sentido democrático firmemente asentado en este pueblo, va encontrando salidas a todos los problemas consiguiendo que continúe con paso firme en su camino hacÃa la convergencia europea.
Aunque la Historia de Italia se identifica en sus inicios con la del Imperio Romano y parece que no existiera nada antes, lo cierto es que los griegos y los etruscos en el siglo VIII a.C. y los galos en el siglo V ya habÃan formado colonias en las costas de la penÃnsula y de sus islas. Previamente a ellos, los terramanara al norte y los vilavonia en el centro ya habÃan habitado el suelo italiano durante la prehistoria. Si bien es cierto que hasta la unificación del territorio por los romanos en el siglo III a.C. Italia no consigue entrar en la Historia con peso especÃfico.
El Imperio Romano
La ciudad fundada por los gemelos que fueron amamantados por una loba, Rómulo y Remo fue extendiendo su territorio a base de guerras cruentas contra los invasores y también entre los miembros de su población. A finales del siglo III a.C. controlaban toda la penÃnsula incluyendo Sicilia. Desde allà comenzó la invasión de los paÃses vecinos cayendo Macedonia, Grecia, la Galia, Cisalpina, Istria, Dalmacia, Cerdeña-Córcega, Hispania Citerior y Ulterior, Africa y Asia.
Una vez acabada la expansión, aunque las guerras se sucederÃan durante todo el Imperio Romano, el dominio de lo militar empezó a verse mermado por la lucha por conseguir derechos civiles y una economÃa más estable a través de una reforma agraria que acabarÃa con los grandes latifundios. La plebe y los caballeros, que procedÃan de familias de mercaderes y arrendadores, se unÃan para hacer frente a la aristocracia. AsÃ, en el año 104 a.C. se conseguÃa una reforma del ejército en la que los milicianos civiles también podÃan acceder a una parte de los botines de guerra, aumentando asà el poder de las clases más bajas. Posteriormente todos los habitantes de la penÃnsula fueron considerados ciudadanos romanos y, más tarde, los moradores de la mayorÃa de los territorios anexionados al Imperio serÃan, también, considerados ciudadanos romanos, de hecho,varios emperadores procedieron de las colonias como es el caso del ibero Trajano.
Los años siguientes son una secuencia de luchas entre aristócratas y plebeyos por mantener el poder hasta el 59 a.C., año en el que emerge definitivamente una nueva figura que controlarÃa la polÃtica romana de manera indiscutible, César. Tras el asesinato de éste por Bruto, en el 44 a.C. un nuevo perÃodo de incertidumbre vuelve a abrirse con las luchas entre los partidarios de la república y los del imperio, triunfando finalmente, el imperio bajo las órdenes de Octavio, conocido como Augusto y famoso también por haber acabado con Cleopatra y Marco Antonio. Augusto dio prioridad al senado frente a otras magistraturas a la vez que potenciaba las caracterÃsticas latinas-romanas.
El Fin del Imperio Romano
Al morir Augusto los grandes tiranos de Roma hacen su aparición como Tiberio, el perverso CalÃgula, el tartamudo Claudio o el loco Nerón y con ellos y sus descendientes, comienza la degeneración del Imperio y se prepara su caÃda. Poco a poco el cristianismo va afianzándose, sobre todo en el siglo III, cuando empieza a ser tenido en cuenta. Es el momento de las grandes persecuciones. La situación polÃtica va de mal en peor, las invasiones de los bárbaros obligan a dividir el imperio nombrándose dos emperadores, uno para controlar la zona occidental y otro la oriental, a su vez, se nombran dos ayudantes de los emperadores con dignidad de césares. La situación era caótica. Fue Constantino quien conseguirÃa reunificar de nuevo el Imperio, gracias en buena parte, a su decisión de legalizar el cristianismo en el 313 d.C. a través del célebre "Edicto de Milán". Con la muerte de este emperador la situación tanto exterior como interior, ya muy deterioradas, se producen nuevas divisiones de poder y, las invasiones extranjeras que consiguen llegar al centro de Roma, acaban definitivamente con el Imperio Romano en el 476 d.C.
La caÃda del Imperio no supone la finalización de las guerras. Aunque con el Sacro Imperio Romano formado por Carlomagno en 1174 se consigue una cierta estabilidad en la que la Iglesia, ya como estado, y el poder polÃtico conviven sin grandes diferencias, a la muerte del emperador todo se rompe y las luchas entre iglesia y estado no finalizan hasta 1122 con el Concordato de Worms.
El Renacimiento
Con la caÃda del feudalismo se crean las comunas italianas que suponen una profunda reestructuración de la economÃa, dando lugar a la aparición de una nueva clase social: la burguesÃa. Estos dos componentes consiguen que una nueva estructura económica y social se afiance en el norte del paÃs, mientras que el sur permanece fiel a las antiguas estructuras. En 1454 con el Renacimiento y gracias a su filosofÃa se consigue un perÃodo de estabilidad al firmarse un pacto de no agresión entre los más grandes, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles. Finalizado este perÃodo en el que las artes, las letras y las ciencias tuvieron un gran desarrollo, las guerras de nuevo acosan el territorio. Dominio de españoles primero y austriacos después, consiguen que se produzca un gran retroceso en todos los campos aunque durante el siglo XVIII se consigue vencer en zonas muy concretas como Nápoles y Milán.
El Risorgimiento
El perÃodo napoleónico permite la creación de nuevas repúblicas y la desaparición de otras como Venecia, asà como los Estados Pontificios. El resurgimiento de las monarquÃas absolutas, durante el Antiguo Régimen, consigue que aparezcan los primeros movimientos independentistas que actuaban en secreto. El Risorgimiento, con una sólida base intelectual y buenos estrategas como Garibaldi y VÃctor Manuel, dieron como fruto las revoluciones nacionalistas de 1848 que aunque no consiguieron su objetivo, la independencia,sentaron las bases y consiguieron los apoyos internacionales necesarios para que a partir de 1859, durante la Segunda Guerra de Independencia, se liberarán Sicilia, Nápoles y algunas regiones aledañas al Piamonte, que a través de un plebiscito decidieron unirse creando el Nuevo Reino de Italia, completado con la anexión de Roma en 1870.
Después de la II Guerra Mundial
Con el gobierno de Giolitti comienza el despegue del paÃs ya que este liberal progresista potenció enormemente la agricultura, la industria, además de aprobar la Ley de Sufragio Universal. Con su unión a la Triple Entente en 1915 y la derrota de los austriacos, consigue recuperar el Trentino, el Alto Adigio, Trieste, Istria y Zara.
La dictadura de Mussolini, 1922-1945, a parte de mejorar las obras públicas del paÃs, no sirvió nada más que para que Italia entrara en la Segunda Guerra Mundial del lado perdedor. No hay que olvidar la destacada labor realizada por los partisanos que estaban en contra del fascismo y quienes consiguieron que naciera la República Italiana, bajo el gobierno de Gasperi.
Italia pasó a ser europea de pleno derecho con su entrada en la CEE y la Alianza Atlántica. Los distintos gobiernos que ha tenido hasta ahora han pasado por momentos peores, como por ejemplo durante el secuestro de Aldo Moro en 1978, o mejores, como durante el gobierno de Sandro Pertini. Escándalos, relaciones de los gobernantes con los dirigentes de la mafia, jueces asesinados, etc., contribuyen a la inestabilidad polÃtica actual de Italia. Sin embargo, el sentido democrático firmemente asentado en este pueblo, va encontrando salidas a todos los problemas consiguiendo que continúe con paso firme en su camino hacÃa la convergencia europea.

