
Malà ha constituido desde tiempos inmemoriales el punto de destino, encuentro y partida de las mÃticas caravanas que atravesaban el Sahara. Malà es sinónimo de nómadas en camello cruzando el desierto, de antiguas mezquitas medievales, de tierras bañadas por el NÃger, de mujeres Tuareg de exuberante belleza y de arte musical. TodavÃa hoy en dÃa se puede llegar a escuchar cantar a un "griot" en algún rincón de MalÃ. Este legendario personaje (parecido a los antiguos juglares medievales) ha contado de forma oral, durante siglos, la historia de las riquezas de las ciudades malienses y de su esplendoroso pasado. De esta época dorada hablan los restos arqueológicos descubiertos en la región donde convergen Mauritania, Senegal y MalÃ, conocida como la Curva del NÃger. Esta riqueza histórica ha originado también un colorido mosaico cultural y étnico. En el delta del rÃo NÃger coinciden numerosos pueblos que han formado una sociedad de diferentes etnias y multilingüe. Aquà conviven los sonraÃ, los bambara, los songhay, los marka, los bozo, los peul, los dogón y los bawba. Los tuareg son otra de las comunidades que habitan el paÃs. Se concentran principalmente en la zona de Tombuctú. Esta ciudad cubierta de arena es uno de los lugares más encantadores de MalÃ. TodavÃa hoy en dÃa se puede ver alguna que otra caravana introducirse por las estrechas callejuelas de la "ciudad prohibida", como algunos quisieron considerarla en el siglo XVII. Tombuctú fue mitificada como una ciudad pavimentada con oro y como un lugar donde "todo" estaba permitido. Este tÃtulo lo mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX, cuando René Caillé (miembro de la Sociedad Geográfica de ParÃs) llegó a la villa y descubrió sus secretos. No es una ciudad fastuosa y lo único que se asemeja al oro en este lugar es el reflejo del sol en la arena. Sin embargo es una ciudad con un magnetismo especial, que embauca desde la primera visión de sus muros. Tombuctú, sin embargo, no es la única joya legendaria de MalÃ. Kayes es famosa por las cascadas de Faloy, Djenne por su arquitectura y su artesanÃa, Mopti por ser una encrucijada étnica y el paÃs dogon por ser el hogar de pueblos con costumbres ancestrales.
Malà es una tierra calurosa, de caminos trillados, ciudades de leyenda, gente solidaria y trabajadora. En los mercados de las principales ciudades de Malà se pueden ver a los sastres trabajar en los telares y realizar verdaderas obras de arte en los tejidos de algodón. Estas telas son diseñadas por las mujeres de la región de Djenné con colores espectaculares y motivos africanos. Los estampados de algodón son conocidos con el nombre de "bogolan" y forman parte de la tradición artesanal de la población maliense.
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